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Dossier de la Imagen Digital Argentina

EL VIDEO ARGENTINO


FOLLETÍN POR ENTREGAS
Primera parte: Del te veo al yo veo
Por Graciela Taquini.

 

Graciela

Taquini



El Video Argentino

Del te veo al yo veo

 

Tercer Premio Graciela Taquini - Granada, 2005

Ar Detroy Paisajes mediáticos

Cuando los sólidosse se desvanecen.

El riesgo de la globalización y la identidad en riesgo. Arte electrónico made in Argentina VII Bienal de Pintura de Cuenca Ecuador

Arte electrónico made in Argentina VII Bienal de Pintura de Cuenca Ecuador. Reflexiones sobre la selección

El Video Argentino Del te veo a yo te veo

Trampas En torno al simulacro

 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

No es para quitarle mérito a la primera exhibición pública de cine en la Argentina que ya cumplió cien años, pero suenen trompetas, que se prepare el cotillón: hace ya cuarenta y cinco años que se realizó  la primera emisión televisiva. Fue aquel 17 de octubre de l951 cuando las imágenes de el General Perón y de Evita fluyeron por los aún escasos televisores porteños. La gente se apiñaba en las vidrieras de los pocos negocios que ostentaban esa maravillosa novedad de la electrónica.  Una minúscula pantalla surgía de muebles más parecidos a radios o a los famosos combinados que al actual aparato. Apenas 300 hogares poseían televisores. Nadie suponía que se iba a convertir en el altar doméstico por excelencia y que la realidad se mediría por pulgadas. Los cincuenta  aparecen en perspectiva histórica y desde el punto de vista estético como formalmente modernos, aerodinámicos, el mundo de los Supersónicos.  En lo que respecta a los contenidos, sin embargo, es una década intensamente reaccionaria y conservadora. Esto está muy bien representado por las películas de Doris Day. Ese mismo contraste se aplica perfectamente a las primeras emisiones de nuestro Canal 7, que fue estatal  desde su inicio y cuya antena funcionaba por el entonces novísimo Ministerio de Obras Públicas. En un noticioso época peronista, uno de los locutores oficiales, el futuro galán Eduardo Rudy, exaltaba este fabuloso invento, mientras las imágenes mostraban una sala de teatro repleta con un público ávido, señores de sobretodo y mujeres de riguroso sombrero, ante un televisor ubicado en el escenario. De su pantalla se apreciaban las imágenes de un concierto de piano. La idea fundadora de la televisión en nuestro país tuvo una doble vertiente, por un lado ser un instrumento eficaz de la educación del soberano. Estar al servicio de la cultura consagrada: la ópera, el ballet, los conciertos, en fin, la qualité y en ese aspecto no difería de otras colegas contemporáneas, por ejemplo la BBC de Londres. La otra vertiente era su utilización como valiosa herramienta de propaganda política, que no desplazó a los noticieros cinematográficos, pero que fue muy bien manejada por la cúpula peronista alrededor de sus fastos en la  Plaza de Mayo. Durante las décadas anteriores la televisión experimental había representado el trabajo y los desvelos de técnicos e inventores. Una lucha sin cuartel entre la televisión mecánica y la que luego triunfaría, la televisión electrónica que involucró a ingleses, norteamericanos, rusos y japoneses y que desembocó en una guerra de patentes y marcas. La televisión se constituyó así en el tambor tribal del siglo XX de la Aldea Global, vinculándose más a un lenguaje cargado de virtualidad que a las artes mecánicas del siglo XIX como la fotografía y el cine. La explotación pública de la tele durante los años 50 estuvo, en nuestro país, en manos de políticos y hombres de radio. A fines de los 50 y comienzos de los 60, la televisión pasa del registro a la reinvención de la realidad por la cámara. La televisión de la realidad pasa a ser la realidad de la televisión, el rayo catódico triunfa en su alquimia e impone su formato. Lo clásico y lo pop, los golpes de estado y los amores imposibles ocurren en bloques que dan paso a las tandas. Se van imponiendo los spots comerciales, el programa ómnibus, el noticiero y el teleteatro, creando una nueva necesidad: la grabación el tape. Los pioneros de esa proto-televisión jamás imaginaron que allí estaba el punto de inflexión que desafiaría al templo de la gran sala cinematográfica a la industria del cine con sus numerosos equipos técnicos y la infraestructura de los grandes estudios. Que no solo se podría ver cine en casa, deteniendo la escena mas apasionante de nuestra película adorada, sino que algún día en esas pequeñas pantallas que se encienden en cada hogar  se albergaría productos realizados fuera de la factoría, sustituyendo los pesados equipos y los inmóviles códigos de fabricación. Un pequeño instrumento fácil de manipular irrumpió en  la escena audiovisual, se trataba de la máquina de mirar operable como un pincel o un lápiz, potencial recurso de expresión personalizada, el vivo y el directo pudo ser almacenado hasta en un orden no analógico. Era la transformación de la visión a distancia hecha por otros, la TELEVISIÓN al  VIDEO yo veo, pero esa es una relación de tragedia griega con un hijo que amenaza de muerte a su madre en forma recurrente, pero eso, esa es  otra historia on line...

Graciela Taquini

 
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