Esta
ponencia fue presentada en
SimpLAC 2002, Simposio Latinoamericano y del Caribe
La Educación, La Ciencia y la Cultura en la sociedad de la Información
La Habana, Cuba. Febrero de 2002 bajo los auspicios de la U.N.E.S.C.O.
1. LAS INTERCONEXIONES GLOBALES
Hablando de las relaciones entre las TCI con la cultura, recuerdo un correo
electrónico que tengo archivado hace tiempo, el cuál hace
la comparación entre la población total de la tierra con una
aldea de 100 personas. Como los artistas tenemos la mala costumbre de no
ser muy amigos de las estadísticas -las que nos resultan increíblemente
aburridas- creo que conservé este envío porque explica de
manera simple una realidad paralizante: si se pudiera reducir la población
de la Tierra a un pueblo de exactamente cien habitantes -manteniendo todas
las proporciones y traduciendo las estadísticas pertinentes- descubriríamos
que 70 de sus habitantes no sabrían leer y sólo uno de ellos
tendría acceso a una computadora, en términos de poder comprarla
y de estar letrado en su uso. Si pensamos que en ese pequeño lugar
únicamente 6 de sus habitantes poseerían el 59% de toda su
riqueza y los 6 vivirían en los Estados Unidos, no sería disparatado
deducir que la única persona del pueblo que poseyera esa computadora
sería blanca, de nacionalidad norteamericana y de seguro no sería
artista. Cuando se considera el mundo desde una perspectiva comprimida,
las estadísticas nos abruman.
Los últimos
cincuenta años del siglo XX vieron consolidar una serie de cambios
tecnológicos y comunicacionales que empezaron a adoptar formas globales
cuando se construyó un mercado mundial donde el dinero y la producción
de bienes y mensajes se des-territorializaron, las fronteras geográficas
se tornaron porosas y las aduanas, a menudo, inoperantes. Este proceso se
terminó de consolidar con la desintegración de la Unión
Soviética y el aparente agotamiento de la división bipolar
del mundo, abriéndose a una nueva etapa globalizadora en la que se
acentúa la interdependencia entre las sociedades y se generan nuevas
estructuras de interconexión supranacional. En este período,
el uso de los medios electrónicos y la interactividad revolucionó
todos los aspectos de la comunicación social y de la transmisión
de información, modificando simultáneamente la noción
de representación y las prácticas artísticas en sí
mismas. Esto no es nuevo: a lo largo de la historia todos los descubrimientos
tecnológicos - la televisión, la cámara fotográfica,
el papel, los tipos móviles, etc.- tuvieron una instancia funcional
y otra de autonomía expresiva. Si bien los nuevos medios son un legado
directo de las "ciencias duras", del pensamiento racional, muy
rápidamente invadieron territorios individuales y subjetivos, penetrando
en los sacros terrenos de la "otra cultura". El conocimiento se
ha mudado de casa, despoblando paulatinamente la Galaxia Gutemberg y re-instalándose
en una cultura electrónica que tiene su espina dorsal en Internet
y cuya expansión acelerada motivó la ingenuidad de homologar
la posibilidad técnica de comunicación universal con la posibilidad
simbólica del diálogo entre culturas.
"La opacidad
de una época oscura sobreviene en nuestros ánimos, en un mundo
configurado por la técnica y la hiperabundancia de la comunicación.
En ese horizonte, abierto a los desconocido,¿dónde queda situado
el arte?"
El arte contemporáneo
no escapó al torrente globalizador e informático del que hablábamos
y está ya ineludiblemente ligado a las nuevas tecnologías,
las que han roto con las categorías de la estética tradicional,
llevando a su última instancia algunas tendencias que habían
sido esbozadas por las vanguardias (como la desmaterialización del
objeto) y permitiendo el desarrollo de nuevas estrategias artísticas
que no se basan en lo real sino en su apropiación y reproducción,
proponiéndonos la recreación de un mundo que se vive a través
de sus sustitutos. Paralelamente, la repercusión mediática
de los acontecimientos artísticos redujo el carácter nacional
de las producciones estéticas, desvaneciendo parcialmente las identidades
artísticas nacionales. Estos movimientos circulares dieron fundamentos
para creer que el arte y la cultura tendían a homologarse en patrones
culturales cosmopolitas, los que, construidos sobre bases euro-céntricas,
creaban una especie de estilo internacional que -lanzado desde Estados Unidos-
aplanaba y manipulaba las diferencias culturales. Metafóricamente
hablando, gran parte de la humanidad se sintió como la Santa María
de Colón, un navío que zarpa para corroborar la redondez de
la tierra e integrar los nuevos mundos. En este sentido se pensaba que la
globalización nos volvería tan próximos que se podría
imaginar una convergencia hacia una humanidad más solidaria.
En la otra vereda
-frente al Postmodernismo, el Neoliberalismo y las globalizaciones brutales-
se produjo un fenómeno inverso: en los países desarrollados
empezaron a percibirse corrientes culturales latinizadas, africanizadas,
asiatizadas y femeneizadas desde adentro de sus sociedades . Este fenómeno
indujo a pensar que, simultáneamente, lo global ayudaba al surgimiento
de nuevos sujetos sociales, dando paso a una conciencia de multiculturalidad
que permitiría las trans-territorializaciones culturales. Sin embargo
-mientras proclamaba con optimismo que lo que se percibía como diferente
podía ser motivo de aceptación- la nave madre descubridora
de nuevas relaciones se transformó rápidamente en el Titanic,
en el que se celebraban banquetes mientras el buque naufragaba, sin botes
salvavidas suficientes para todos. La globalización ayudó
a multiplicar las diferencias, engendró desigualdades, desencadenó
migraciones masivas y enfrentamientos inter-étnicos los cuales, sumados
a la pobreza de las áreas periféricas, no auguraban un futuro
de convergencia sino de fracturas y segregaciones.
Lamentablemente,
este futuro ya esta aquí y se materializó en el instante en
que el segundo avión se estrelló contra las Torres Gemelas
del World Trade Center ante los ojos de todos. Los ataques del 11 de Septiembre
del 2001 abrieron el siglo XXI y cerraron la etapa de optimismo sobre los
procesos globalizadores, junto con el mito del mundo homogéneo y
el "fin del estado"; condensando en el plano simbólico
-y prioritariamente en imágenes- la globalización del terrorismo,
de las guerras, del miedo y la inseguridad. De pronto, grupos minoritarios
y dominados ejercían a su vez una dominación violentamente
simbólica. Hoy, más que nunca, sabemos que la mundialización
de la cultura no significa la homogenización del planeta. Al contrario,
en el contexto actual, diferentes concepciones del mundo interactúan
entre sí y esto significa diversidad y conflicto. Entonces, si la
cultura es un poder constitutivo de la "sociedad global" y en
él se juegan las concepciones de pueblos, civilizaciones y naciones;
la pregunta urgente es: ¿Cómo repensamos la cultura -y dentro
de ella las prácticas artísticas- en este complejo contexto?
2. REPENSANDO
LA RELACIÓN ARTE-TÉCNICA
"Las invenciones y descubrimientos de la ciencia y la técnica
jamás fueron rechazados por los artistas, pues el arte, la ciencia
y la técnica son vasos comunicantes. A veces opacos, a veces transparentes,
aparecen gracias a la memoria y a la imaginación"
Desde que se
descubrió la rueda, la humanidad viene desarrollando "nuevas
tecnologías" y, al inventarlas, ella misma es modelada recíprocamente
por sus creaciones. La historia del arte es inseparable de la historia de
la ciencia y de la técnica, aunque en ella no se vea ningún
"progreso" sino que todo ocurre como en "zig-zag" porque
cuando las tecnologías caen en manos de los artistas estas se transforman
en un medio para mostrarnos cómo estamos parados en este mundo, qué
esperamos de él. Hoy más que nunca la tecnología que
empleamos actúa simultáneamente como determinante y filtro
de significados y experiencias: el desafío es pensarla críticamente
y tomar conciencia que decisiones tomamos cuando privilegiamos el uso de
un medio técnico sobre otro.
Más de
medio siglo atrás, Walter Benjamín analizaba la problemática
relación entre arte y tecnología, convirtiéndose en
uno de los primeros en reflexionar sobre la importancia y la no-neutralidad
de los medios técnicos. En su indispensable ensayo "La obra
de arte en la época de su reproductibilidad técnica"
(1935) , el filósofo alemán se muestra preocupado ante la
pérdida de la integridad de la obra artística por la aparición
de las imágenes reproducidas a través de los medios mecánicos.
Benjamín pensaba que la autoridad de una obra de arte residía
en su originalidad, unicidad y permanencia, en su "aura". Para
él, la reproducción ilimitada de la imagen artística
atentaba contra el aura, destruyéndola. En otras palabras, la autoridad
del "original" era comprometida por la aparición de la
copia o, para decirlo de otra manera, por la existencia de lo multi-ejemplar.
Si la reproducción
mecánica de la obra de arte representaba algo poderosamente nuevo
para Benjamín, la aparición de las imágenes digitales
a fines del siglo XX actualizan y potencian geométricamente los problemas
que él planteaba en la década del 30, tendiendo a desdibujar
aún más la distinción entre lo que creemos que es una
obra de arte y su reproducción. Es asombroso pensar cuán tempranamente
Benjamín señalaba los tres puntos que hoy se consideran claves
para re-pensar cómo se relaciona el arte contemporáneo con
las nuevas tecnologías: en primer lugar, la desaparición de
la obra única y por consiguiente la disolución del concepto
de autor, en segundo lugar la cuestión de la interactividad como
"democratización" de las relaciones entre artistas y espectador
y finalmente el fenómeno de la aceleración y la velocidad
de imágenes, textos y sonidos como un factor de dispersión
que presenta un obstáculo a la experiencia del recogimiento y tiende
a convertir al arte en comunicación.
Casi 70 años
después de publicado el ensayo citado, la humanidad dispone de una
tecnología por la cual la información visual puede ser transmitida
instantáneamente de una punta a la otra del planeta. En esta realidad,
cabe preguntarse cómo influye esto en nuestra visión del mundo
y de qué manera afecta al modo de "representarlo". Durante
las últimas décadas del siglo XX los medios electrónicos
adjetivaron a la sociedad en que vivimos, aparecieron como una herramienta
globalizada utilizada en los más diversos contextos y modificaron
sensiblemente nuestro modo de comunicarnos y por lo tanto de "representar".
Sumergido en esos cambios, el arte contemporáneo no escapó
al desafío de las nuevas tecnologías. Hoy en día los
medios tecnológicos disponibles para trabajar artísticamente
son, en muchos aspectos, radicalmente diferentes e infinitamente mas sofisticados
que los aprovechables 250 años e inclusive 50 años atrás,
a tal punto que la apropiación de las nuevas tecnologías por
parte de los artistas está cambiando la concepción que la
cultura occidental tiene sobre la imagen de manera tan radical como lo hizo
el desarrollo de la perspectiva polar en el Renacimiento o la aparición
de la fotografía a fines del siglo XIX.
"Las nuevas
tecnologías rompen con toda categoría tradicional de pensamiento
sobre el arte (...) y delinean todo un nuevo campo de lo estético:
el trabajo se hace colectivo, interactivo y procesual, y el sujeto se transforma
en hipersujeto; se realiza plenamente la desmaterialización del objeto
al que aspiraba buena parte de las vanguardias; las nuevas tecnologías
señalan el fin de la época de expresión (del arte como
lenguaje) y consuman el fin del estilo que deviene innecesario e ilocalizable,
y trabajan de una manera decisiva para la deshumanización de la obra,
cuya exigencia fue explícitamente advertida por vez primera por Marcel
Duchamp(...)"
Si las últimas
grandes clasificaciones en el campo del Arte Contemporáneo eran el
Arte Objetual y el Arte Conceptual, estamos presenciando la aparición
de una tercera que condice más con el concepto de "obra abierta"
que el semiólogo italiano Umberto Eco propuso en los '60. Esta nueva
"categoría" tiene una particularidad que quizás
la re-colocaría en el lugar que, según Benjamín, le
había sido usurpado. Desde que esta forma de arte está pensada
en y es difundida por los nuevos medios, la multiplicidad está en
su esencia, por lo que será conocida por el público de la
misma manera en que había sido concebida. A su vez, como ya no se
trata de un texto sino de una inmensa superposición de textos, en
la que cada lectura es en realidad la primera y también la última...¿estaríamos
así recuperando, en esa "manifestación irrepetible de
una lejanía", el aura perdida?
3. EL ARTE ¿DIGITAL?
"(...)¿no es sorprendente que nuestro lenguaje se releve a tal
punto estrecho, incierto, impotente, como para seguir hablando -como de
hecho nos vemos obligados a hacer hoy aquí- de "arte digital",
de "arte electrónico" o de "arte hecho por computadoras"?
(...) Por supuesto, cada soporte material impone sus limitaciones, sus reglas,
sus condicionamientos. Pero entonces estaremos hablando, no de arte "informático",
"electrónico" o "digital" sino de arte a secas.
Y si no podemos nombrarlo de otra manera que no sea su soporte material,
físico, esto sucede sencillamente porque es eso, el soporte, lo único
que lo diferencia de otras manifestaciones históricas"
En el inicio
de un nuevo siglo, nadando en las convulsionadas aguas de la marea globalizadora,
el estallido de las diferencias y la revolución de las telecomunicaciones,
nuevas prácticas artísticas entran en escena protegidas bajo
un ancho y ambiguo paraguas clasificatorio de "arte digital".
Para algunos estas calificaciones son un recurso desesperado, y casi único
en la historia de Occidente, ya que nunca antes ocurrió que a otras
prácticas artísticas se las precisara tan contundentemente
por su soporte o herramienta ya que no llamamos a la Arquitectura "arte
del ladrillo" o a la Pintura el "arte del pincel" o al Cine
el "arte del celuloide". Actualmente, todas las denominaciones
(hipertexto, multimedia, hipermedio) que se están manejando para
categorizar la irrupción de los nuevos medios en las prácticas
artísticas resultan estrechas e inadecuadas para delinear la presencia
de un arte que se viene imponiendo a paso firme desde hace tres décadas
.
Como cualquier
intento de poner etiquetas, el calificativo de "Arte digital"
es una forma de dominio y restricción tanto para el arte como para
los artistas. Si todavía no hay un nombre que nos satisfaga para
definir la presencia de los nuevos medios en el arte, tenemos que buscar
marcos de referencia más fluidos y descentrados que nos permitan
entender a un arte que no tiene en la tecnología el único
atributo que lo caracteriza ni muchos menos su único fin, sino que
encuentra en la tecnología un camino de expansión y vínculo
con otras manifestaciones creativas. En una consideración más
elástica, deberíamos hablar no ya de "arte digital"
sino de estrategias artísticas que utilizan las nuevas tecnologías
y que lo hacen en diferentes grados y formatos. Se puede hacer arte con
las nuevas tecnologías, es decir usándolas como herramienta,
y se puede realizar arte en las nuevas tecnologías cuando la red
en sí es el material del artista y la utiliza como medio en sí
mismo. En el primer grupo estarían incluidos las propuestas que se
empezaron a generar en las artes plásticas en los '60 y que se enriquecieron
con la aparición de la fotocopiadora, el fax y la computadora cuando
en los '70 surge la infografía y más recientemente la gráfica
digital, la que a su vez tiene nuevos circuitos de distribución en
el campo de la Internet. El segundo grupo abarcaría las propuestas
interactivas desarrolladas en la red, los proyectos multimediales, la realidad
virtual y todos aquellos discursos estéticos pensados para ser ejecutados
en medios exclusivamente digitales. Aquí no existe el hecho artístico
como un objeto concreto, ni la obra ha sido pensada para ser transferida
al papel, sino que se manifiesta virtualmente y su circuito de distribución
es mayoritariamente la world wide web (www). Este término -traducido
al español como la red, la telaraña, la autopista informática-
nos da la idea de un espacio metafórico que es de fácil acceso
pero que contiene simultáneamente la incertidumbre ante sus laberintos,
y en el que las imágenes y los medios se hibridizan, al mismo tiempo
que recuperan el espíritu transgresor de las vanguardias históricas.
La puerta de acceso a este espacio es la interactividad - un diálogo
hombre-máquina que hace posible la producción de objetos textuales
nuevos, no completamente previsibles a priori y en donde el lector contribuye
decididamente en la realización de la obra- y la llave para abrirla
el hipertexto, una forma diferente de organización de la información,
que en desmedro de la continuidad lineal de la lectura permite saltar de
un punto al otro del texto mediante las relaciones internas (links) que
existen entre este y otros textos. A pesar de sus diferencias, ambos grupos
en muchos casos se mezclan e hibridizan. Por ejemplo, muchos artistas producen
obras en los nuevos medios en relación con lo corporal. Así,
la tecnología de los nuevos medios se cruza con la "tecnología"
del cuerpo, dando paso a nuevos lenguajes. Pero aún cuando lo digital
sea usado de la manera más simple, como una herramienta de dibujo,
en desmedro de sus posibilidades virtuales o interactivas, esta herramienta
tiene características propias que no se pueden obtener con los medios
tradicionales, permitiéndonos desarrollar estrategias artísticas
particulares.
Como hemos visto,
la apertura, la imprevisión, la multimedialidad y la intertextualidad
permitidas por los nuevos medios presentan al arte actual como un campo
de intercambio y al artista como un transmisor de preguntas y un recipiente
de respuestas, que lo convierten en investigador de diferentes disciplinas
y campos de conocimiento. Las fronteras formales y materiales entre los
soportes y los lenguajes se diluyen, las obras son compuestas a partir de
las más diversas fuentes (fotografía, dibujo, texto, sonidos,
vídeo, modelos generados por computadora) y están en continúo
movimiento entre un medio u otro, hasta el extremo que pueden ser calificadas
como migratorias, en constante tránsito, en metamorfosis. Al respecto,
Massimo Canevacci resalta la necesidad de elaborar una nueva teoría
para los discursos artísticos producidos en este territorio movedizo,
la que no debería clasificar sino introducir una "metodología
de la diferencia" la que permitiría liberar una cantidad infinita
de códigos que están colocados en el texto artístico,
los que al aplicarse en la especificidad de una obra produciría nuevas
interpretaciones. Uno de los conceptos más descentrados que el antropólogo
propone es el de "web pidgin". Pidgin es una mezcla de dos lenguas
usada entre personas que no hablan bien ni la una ni la otra, por lo cual
se comunican inventando una tercera que es una nueva forma, un idioma diferente.
El arte desarrollado con y en los medios digitales es exactamente eso, un
nuevo lenguaje inventado entre el sistema lógico-lingüístico
del computador y el sistema lógico-lingüístico-sensitivo
de cada artista el que a su vez tiene la posibilidad de multiplicarlo en
varios "yos" quedando así destruida la prisión de
la identidad única y del momento definitivo, ya que las nuevas significaciones
son mutantes y permanecen en constante movimiento.
4. LA FRONTERA
DIGITAL
"(...) la nueva biblioteca de Alejandría se desarrolla ante
nuestros ojos, sólo que ya no tiene dimensiones definidas ni espacios
físicos concretos, muros, puertas, anaqueles, libros o cosas nuevas
(videocasetes, discos ópticos) mesurables; carece de ubicación
geográfica precisa porque se encuentra en todo lugar del planeta
donde llegue la Red"
¿Dónde
llega la Red? y por extensión ¿Qué porcentaje de la
población mundial posee las nuevas tecnologías y sabe manejarlas?
Un informe reciente de la Administración Nacional de Telecomunicaciones
e Información de Estados Unidos (NTIA) reporta que existe en su propio
territorio una cada vez más ancha "frontera digital" entre
los que "tienen" y los que "no tienen". Las minorías
raciales, las personas de bajos ingresos y de escaso nivel cultural, los
jóvenes, los hijos de padres separados y los habitantes de áreas
rurales figuran entre los grupos que tienen menor acceso a las nuevas tecnologías.
En ese mismo país, los latinos tienen 1/3 de posibilidades de acceder
a Internet desde sus casas que las que tienen los descendientes de asiáticos
y 2/5 de posibilidades en comparación a los blancos. Si pensamos
que sólo el 5% de la población mundial vive en el Hemisferio
Norte -en dónde se hacen todos los progresos de las telecomunicaciones
y aún así se perciben los desequilibrios que mencionábamos
- no hace falta decir que la superabundancia de tecnología e información
en los países centrales coincide con su ausencia casi total en algunas
regiones del planeta.
El futuro ya
llegó, sólo que es asimétrico e injusto. Los países
desarrollados han usado la tecnología para distinguirse a sí
mismos de la periferia y medir su superioridad sobre ella, trazando un centro
alrededor del cual han dibujado un dramático borde digital. Vivir
al sur de esa frontera virtual significa estar entre las regiones tecnológicamente
pobres y tener, en general, un acceso limitado a los medios electrónicos.
Sin ir más lejos, Latinoamérica constituye sólo el
2,8% del mercado mundial de tecnología informática , lo que
significa que sólo una pequeña parte de la población
tiene a su disposición las nuevas tecnologías, inequidad esta
que nos incluye a los artistas. Paradójicamente, aún viviendo
en esta región y si se dispone de los equipos necesarios, se puede
anular inmediatamente cualquier distancia. Entonces no importa si resido
en New York, en Buenos Aires o en qué región del mundo me
encuentro mientras que posea la tecnología adecuada y los conocimientos
necesarios para trabajar con ella, así como el conocimiento del idioma
inglés, que es -off the records- la lengua oficial de acceso a la
red.
¿Realmente
no importa? De 1998 al año 2000 la Casa de las Culturas del Mundo
en Berlín alojó "Oportunidades y estrategias" ,
un foro de intercambio cultural vía Internet que se proponía
enfrentar la dicotomía entre la anunciada "era digital"
y"mundialización de la información" y la realidad
de las regiones periféricas. Lo interesante de este foro era que
reconocía cómo incluso en las áreas periféricas
las tecnologías se están difundiendo rápidamente y
planteaba la posibilidad de usarlas para el intercambio cultural entre las
regiones del sur de esa frontera virtual: Latinoamérica, Africa y
el Pacífico Asiático. Un trabajo de Olu Oguibe presentado
en el foro destaca las posibilidades de los nuevos medios para la producción
del arte, para la comunicación y colaboración de los artistas,
críticos y teóricos, señalando que todo ello aparentemente
depende de una sola cosa: el estar conectados. Y esto, que parece tan simple,
no lo es si se tiene en cuenta que el "estar" o "no estar"
no depende exclusivamente de la tecnología sino también de
las comunidades dónde se vive, de la clase social e incluso de las
creencias religiosas entre otros muy disímiles factores.
Sí importa
el lugar en que estamos situados. Y sabemos que las realidades latinoamericanas
son contradictorias. Sin ir más lejos y como ejemplo, mientras Argentina
está transitando la peor crisis de su historia- enfrentando la disolución
de su economía, sus estructuras políticas y valores morales-
y a contramano de lo que sucede en todo el mundo y de lo que podría
esperarse por su propia realidad, es el 6to entre los países dónde
Internet crece con mayor velocidad, mientras el sufijo .ar (correspondiente
a Argentina) atesora el 5to puesto dentro los dominios de más rápido
aumento. Más aún, en el momento que en el resto del mundo
desaparecían los proveedores gratuitos de acceso a Internet en mi
país se registró el fenómeno inverso, abriéndose
nuevos portales que resucitaron los cibercafés.
Paralelamente
al mito de que Internet es un lugar (o mejor un no-lugar) accesible para
todo el mundo, existe la creencia de que en la red la identidad "real"
no es relevante por lo cuál estaría liberada de las luchas
de género y de clase. Si bien es cierto que en la virtualidad las
identidades se presentan como estratégicas, no debemos olvidar que
las nuevas tecnologías existen adentro de matrices sociales que son
aún clasistas, sexistas y racistas. Las condiciones bajo las cuales
se producen las políticas, los códigos, lenguajes, imágenes
y estructuras de Internet están sustentadas por esas matrices. Por
añadidura y -en lo que nos toca- existe la creencia difundida de
que los latinos somos creativos y pasionales pero no podemos superar el
tecno-analfabetismo, sin hablar que el imaginario colectivo ha diagnosticado
que las mujeres en general (independientemente del lugar que habitemos)
padecemos de tecno-fobia congénita, etiquetas difíciles de
despegar cuando se es al mismo tiempo mujer, latinoamericana y artista que
trabaja con las nuevas tecnologías.
Para concluir,
¿Si la tecnología está inscripta dentro de la cultura
y sin una participación más activa en la producción
de la primera, será alguna vez posible para los países en
vías de desarrollo y para los grupos marginales alterar esta posición
de subordinación técnica y cultural?. En situaciones tan críticas
como la de América Latina esto se puede lograr mediante la intervención
más activa de los intelectuales en la sociedad civil, actuando dentro
de ella, en sus áreas y fragmentos particulares, en sus contradicciones,
márgenes e intersticios. Los medios digitales pueden ser usados como
una estrategia para generar una interferencia, una perturbación que
ponga en duda tanto el sistema de la imagen como el aparente inalterable
curso de las cosas. Aprovechando un momento histórico de rupturas
e intercambios, en que la cultura proyecta una homogeneidad al mismo tiempo
que se ve obligada a asumir la idea de la diferencia, los artistas latinoamericanos
nos atrevimos a "negociar la diversidad" mediante la generación
de poéticas que trabajan sobre la diferencia y sacándole ventaja
a las nuevas tecnologías, empezamos a proyectar las perspectivas
periféricas a escala transnacional.
4. LAS POÉTICAS
DEL BORDE
"Al contrario de las culturas del Alto Ecuador (la línea del
Ecuador cultural comienza en la frontera territorial de México con
Estados Unidos), las culturas del Bajo Ecuador sólo tienen acceso
a los restos tecnológicos de un sueño limpio y futurista que
se realiza a través de las tecnologías de punta. En oposición,
con sus tecnologías de "liquidación", el Bajo Ecuador
se presenta rumiando lo que hay más de ambiguo (y por eso estético)
en su naturaleza: el uso de esas tecnologías de liquidación,
vestidas con chatarras recicladas y travestidas de avance tecnológico,
que, contra el sueño de un futuro, destaca la vigilia de un presente
hecho con la impureza de las cosas vivas,(...) y de la fusión del
arte con la artesanía, de lo digital con lo analógico y también
con lo corporal; de lo inmaterial no sólo con lo material, sino con
una materia descompuesta".
La tierra prometida
por las nuevas tecnologías es virtual y se presenta como el espejismo
de un oasis que está al alcance de todos mientras vierte sus aguas
en el canal que une los avances tecnológicos con la liberación
de la humanidad. Comparablemente, cuando hablamos de las relaciones entre
el arte y las nuevas tecnologías todavía damos por sentado
que las obras generadas a través de ellas poseen un alto grado de
sofisticación técnica. Es sólo a través de este
valor innovador que podemos legitimar el uso de los medios digitales en
las estrategias artísticas, corroborando la visión romántica
de un creador que desafía el status quo político, social y
estético. La trilogía tecno-fetichismo, novedad artística
y artista como visionario subraya una fe simplista en la innovación
tecnológica -a la que imbuye de un poder trascendente y transformador-
como camino emancipador de la condición humana el que, en consecuencia,
merece reverencia y devoción. No obstante, cuando los medios digitales
aparecen en el Arte Latinoamericano hay una percepción de que en
realidad se dice lo contrario. Aquí el artista actúa como
apropiador, más que como innovador, y el uso de las nuevas tecnologías
(que no siempre son las últimas disponibles a escala mundial) se
hibridiza, mezclándose con lo corporal, lo artesanal y lo religioso,
a la vez que se define por la presencia de lo multi-técnico y multi-cultural.
Los artistas latinos hemos usado los medios digitales que tenemos a nuestro
alcance y el arte producido por ellos más que un testimonio de residuos
tecnológicos es un ejemplo de resistencia cultural. Resistencia esta
que va por las veredas, no por las grandes autopistas del mainstream del
arte internacional y toma por asalto los espacios en que puede manifestar
su oposición, entre ellos el de la Internet.
Definir a Latinoamérica
como un lisiado tecnológico a priori es volver a caer en otro de
los tantos estereotipos equivocados sobre la condición de analfabetismo
e incapacidad tecnológica de nuestra región. Sin embargo,
como hemos visto, los desequilibrios que se producen en el mundo real se
reflejan también en el virtual. Para Beatriz Sarlo la cultura se
puede definir de muchas maneras (costumbres, prácticas, formas de
relación con la política, expresiones artísticas, la
relación con la muerte y lo sagrado, etc) pero adhiere a una definición
que mucho tiene que ver con el lugar y las condiciones en que estamos parados:
"una cultura es un sistema de diferencias", en alguna medida la
identidad es oposicional. Desde esta perspectiva los nuevos medios en el
arte latinoamericano sirvieron para responder con la oposición a
la tendencia hacia una creciente homologación de la cultura del planeta.
Esto se logró mediante nuevas reinvidicaciones que hallan su centro
en los problemas de identidad y pluralidad cultural, instrumentándolo
desde la valoración de las prácticas artísticas como
instancia para renovar o continuar las diferencias simbólicas (o
el sistema de diferencias del que hablaba Sarlo). Y esto es porque las artes
visuales siguen actuando de manera significativa como agentes diferenciadores,
tanto porque sus zonas institucionales lo facilitan como por la menor exigencia
de rédito que llevan implícita, lo que ayuda a crear una zona
propicia para la experimentación.
¿Cómo
se manifiestan entonces estas diferencias simbólicas en el arte que
los latinoamericanos hacemos con los nuevos medios? Hay muchas poéticas
que se superponen y se mezclan, coexistiendo las referencias a culturas
diversas y dispersas en las que el artista no se encuentra fijado en ninguna
en particular sino que esta "en tránsito". Una tendencia
fuerte que se observa es el relato del nomadismo de los grupos migratorios
que deviene en metáfora de las exploraciones artísticas. Otro
rasgo particular en el arte de nuestra región es la condición
personal en que aquí se conciben el cuerpo, el color, la naturaleza
y la religión en planteos muy alejados de los que imponen los cánones
metropolitanos. Al mismo tiempo muchos artistas latinoamericanos han logrado
que su obra sea conocida en circuitos que transcienden sus países
de origen, han incorporado las innovaciones técnicas y han logrado
esa "negociación de la diversidad" mediante la reelaboración
de sus tradiciones locales en un espacio internacional significativo, el
que de todas maneras sigue estando negado para muchos de sus colegas.
Ya dijimos que
los creadores somos también parte de la estadística que estuvimos
analizando y que sólo una elite tiene acceso a los nuevos medios,
la que los utiliza en una especie de logia pitagórica que dista mucho
de ser una comunidad global sino que más bien crea nichos o esporas
que forman, por el momento, una red semi-global. De alguna manera estas
redes han utilizado las tecnologías de punta (o las de "liquidación"
según cómo las veamos) como una estrategia para generar una
interferencia que cuestiona la integridad de la imagen, así como
el sueño del progreso tecnológico y la perfección artística,
que dominó la cultura de occidente por un largo tiempo. A su vez,
esta "estrategia de la interferencia" les ha servido para asentar
una identidad que se ha tornado fluctuante y múltiple, la que no
tiene relación con lo folclórico o etnocéntrico, sino
que se construye desde muchos frentes, hecha de recortes y fragmentos, de
perfiles identitarios que tienen que ver con situaciones y vivencias distintas:
memorias personales, situación políticas y sociales, minorías
raciales y sexuales.
Superando el
paradigma centro-periferia -en una especie de alteridad desde el borde hacia
el centro, utilizando de una manera desprejuiciada y creativa la tecnología
originada por esos mismos centros- los artistas latinos hemos cruzado la
frontera digital usando a las nuevas tecnologías como pasaporte transformador
de viejas historias. Para nosotros, el arte es mucho más que una
mera sucesión de oposiciones binarias de unos y de ceros. Para nosotros,
los nuevos lenguajes no excluyen a los otros. Para nosotros, las técnicas
artísticas tradicionales no desaparecen, se transforman. La red hoy
imita el mundo, uno de estos días el mundo puede llegar a emular
sus paradigmas y los artistas, aún los que trabajamos en el borde,
seremos de alguna manera responsables en la construcción de esos
modelos. Porque como diría otra Alicia, la del País de las
Maravillas, nosotros queremos estar en nuestros sueños...no queremos
pertenecer al sueño de otro.