En
el universo de la imagen técnica, la imagen se da como, imagen-tiempo,
como imagen-movimiento. Si en el orden clásico de la representación
se pretende que el signo sea estático e inmóvil y esa estaticidad
se interpreta como índice de una duración y permanencia
de lo por el simbolizado, cifrando en ello su pequeña garantía
de eternidad, en cambio en el universo de la imagen técnica el
signo se experimenta como efímero y movedizo, como contingente
y en devenir, como acontecimiento él mismo y no ya como pura "representación"