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En
1990 egresa como Profesor Nacional de Pintura y Dibujo de la Escuela Nacional
de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón.
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En
la década de los 90 colabora en la curación de la Sala de
Lenguajes Contemporáneos del Palais de Glace y en la Galería
Blanca Arte Contemporáneo.
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Desde
2000 escribe en la revista Ramona.
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2002
Trampas 2 y 3, Estudio Abierto Abasto y San Telmo, Arte BA XI Galería
Braga Menéndez Schuster y Expotrastiendas 2. Centro Cultural Borges
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2001 ArteBA X , Trampas. Calmet - Romano - Sobrino - Soibelman - Soria:
Casona de los Olivera, Premio Chandon Museo Castagnino Rosario, Respecto
de
Aizenberg Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires Video XIII / Premio ICI
de Arte Digital. ICI
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1993 III Bienal de Arte Joven, Predio Ferial de Palermo, Bs. As
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1992 Erotizarte I, Centro Cultural Recoleta.
Laberintos, Homenaje a J. L. Borges, Espacio Giesso, Bs. As
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1989 I Bienal de Arte Joven, Bs As
Exhibiciones
Individuales
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2002 Braga Menéndez / Schuster Arte Contemporáneo.
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1992 Instalación, Sala de Lenguajes Contemporáneo, Palais
de Glace, Bs As
1989 Pinturas, Fundación Plural, Bs As
Texto sobre la obra:
Definiéndose como
un artista pop de su escena (escenografía) onírica, Iván Calmet se sumerge en la narrativa desarmando el orden de los signos, articulando, a partir de relaciones inconscientes, asociaciones de sentido
que imponen una escena nueva, representativa, sí, pero dislocada de
su función discursiva inicial. Hiperreal extraterrestre, el teatro de
Beckett pudo haber sido su gran influencia.
La nitidez obsesiva del dibujo torna verosímiles las escenas más
surreales.
Escenas que parecieran evocar siempre un "estado de las cosas", parafraseando a Wenders, en el sentido de una presentación que enuncia
de modo misterioso la crítica ideología que recorre el paradigma,
algo así como
"esto es arte en tanto hablo de arte en idioma de arte".
Probablemente haya sido Kosuth quien mejor definiera un campo en el que el arte conceptual pudo muy restrictivamente actuar, el de la obra en tanto proposición que articula dentro del contexto del arte como comentario artístico. Mientras el neoconcept insiste en abordar la tautología
(más o menos encubierta, más o menos pretenciosa, más o menos vacía)
casi como fórmula inevitable, mientras un auge excesivo de "lo tecnológico
como prestigio" agota la interpretación, en un momento del arte en
el que se le permite casi cualquier tipo de inconsistencia a la orfandad lingüística
de turno, (fotografía, instalación vídeoperformance, digitalidad,
minimalidad, etc.) la obra de Iván Calmet reclama la posición política
para el campo de
producción de la pintura, matérica y sensible o directamente
mental (digital), afirmando de alguna manera la potestad pictórica sobre ese
lugar de definición semántica de lo artístico, independientemente
de su tekné y de
la aparente información que pudieran simular proporcionar sus imágenes.
Sin
renunciar a su calidad (de imágenes), a su representatividad y función figurativa, las formas teatralizan el conflicto del hombre ante el arte sobre el escenario del arte ante el arte. Categorías como aceitoso,
licuado,
brillante, nítido, se desprenden del erotismo de estos universos cerrados, reconcentrados, ensimismados en su lógica húmeda y orgánica
que se autoadjetiva. Órganos como frutas peladas, desnudos como un ojo sin
párpado, violentados, actuando la analogía sexual de Bataille, las partes cuerpos vegetales, o resultados de una decisión experimental truculenta y suprema, se agitan apenas en el fondo del acuario, a la espera quieta de nada, testigos de su soledad galáctica. Las formas, sobreviviendo a una suerte
de monstruosidad social original, son carne artificial extática en el
espejo desorientado del miedo a la pavorosa revelación de, probablemente,
ser únicas en su especie.
Sus construcciones digitales, despreocupadas de la idea de oficio que impone la tradición de la herramienta, mantienen características formales
propias de la pintura. Herencia de un pasado reciente (años '80 y principios
de los '90, grandes óleos sobre tela por los que su obra actual siente nostalgia evidente) del que conserva el color saturado y luminoso de la paleta.
Surrealista neo-pop, admirador desde su infancia de la atmósfera retratística de los Embajadores de Holbein y más tarde del páramo
de Aizenberg, su procedimiento es la utopía del óleo.
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