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Dossier
de la Imagen Digital Argentina |
ARTISTAS ARGENTINOS EN EL CONCIERTO DIGITAL | |||||||||||
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Revista Buenos Aires Bellas Artes del Museo Nacional de Bellas Artes Universidad de Palermo 1999- 2000
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Rodrigo Alonso Artistas Argentinos en el Concierto Digital Revista Bs.As. Bellas Artes 1999-2000
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Complementando
el estatuto tecnológico de las sociedades post-industriales, la cultura
digital ha sentado las bases de una nueva relación del hombre con sus
semejantes y con el universo que lo rodea. Su irrupción en el mundo contemporáneo
se produce desde el cuestionamiento de las representaciones de la realidad
-en la acepción de la "realidad objetiva" del positivismo cientificista-
merced a las posibilidades ilimitadas de trasmutación de las imágenes digitales, que siguen el movimiento iniciado por los medios
de comunicación masiva y su multiplicidad de interpretaciones sobre el
universo de la experiencia. Las representaciones digitales no son simples
vehículos de traducción de la realidad sino los medios para una nueva
forma de pensarla. Por sus características constitutivas, las nociones
tradicionales de espacio, tiempo, unidad, original o imagen pierden validez
en su seno, exigiendo ser reconsideradas a la luz de las cualidades propias
del nuevo medio.
De
hecho, si algo caracteriza a la producción digital contemporánea, es su
énfasis por revisar las nociones más profundamente establecidas y más
intensamente arraigadas en los sistemas de representación tradicionales.
Desde nuestra posición de seres finiseculares, somos testigos de un período
de transición en el que, antes que asistir al nacimiento de una nueva
cultura o un nuevo arte, presenciamos la confrontación dialéctica entre
sistemas de pensamiento irreductibles, cuyos frutos no son aún del todo
discernibles.
Tal
vez sea exagerado por el momento hablar de arte digital. Sin embargo,
la creciente necesidad de los artistas por abandonar los medios tradicionales
e incursionar en la imagen binaria señala la necesidad urgente por revisar
la cultura desde el nuevo paradigma, aún a costa de resultados imprecisos
e incatalogables.
La
meteórica expansión de los medios digitales en nuestro país durante los
últimos diez años, ha determinado que un importante caudal de artistas
jóvenes haya decidido incursionar en la tarea. Y probablemente sea el
momento actual uno de los más productivos para explorar las implicancias
estéticas de este período de transición necesario.
Un
Poco de Historia Por
supuesto, existen antecedentes, pioneros, predecesores. Ya en 1967, Marta Minujin, invitada a participar en la Expo 67 de Montreal, había utilizado una computadora de última
generación para seleccionar a los participantes de su obra Circuit / Super-Heterodyne, que fueron agrupados por una flamante IBM según
rasgos característicos comunes. En el Instituto Di Tella de Buenos Aires existió un laboratorio de sonido dotado
de tecnología digital, que produjo obras de destacada importancia en el
campo de la experimentación sonora.
Pero
es en 1969, cuando Jorge Glusberg organiza la
muestra Arte y Cibernética en la Galería Bonino de Buenos Aires, donde podemos ubicar los orígenes de la relación arte/imagen
digital en nuestro país. Para aquella oportunidad, seis artistas argentinos
expusieron obras realizadas en el Centro de Cálculo de la Escuela ORT,
junto a artistas norteamericanos, ingleses y japoneses. En la propuesta
de la exhibición, existía la voluntad concreta de experimentar en el terreno
de la reciente imagen digital, aventurándose en las posibilidades estéticas
de una herramienta que en aquel momento era considerada un mero sistema
de almacenamiento sofisticado.
Los
inconvenientes para acceder a la tecnología digital que se produce en
los años siguientes, sumados al desinterés por la imagen pregonado por
los artistas de finales de los '60, desalientan la producción nacional
por algunos años. El fenómeno se produce en el auge de las teorías de
la información y de las propuestas lingüísticas del conceptualismo estético,
que ponen el énfasis en los aspectos comunicativos e informativos de la
actividad artística, relegando la producción de imágenes a un momento
secundario de la creación.
A
todo esto debería agregarse -si bien la discusión no fue particularmente
instalada en el arte argentino- la siempre urticante relación entre la
obra de arte única y la reproducible. La incapacidad del mercado artístico
para absorber obras esencialmente repetibles -planteo que se remonta a
comienzos de nuestro siglo, pero que incluso hoy sigue siendo de dificil asimilación en relación a la fotografía- ha sido, y continúa siendo, una
instancia para el desaliento de la producción digital.
La
imagen binaria reaparece en el campo de batalla a través del diseño y
la publicidad. Desde estos ámbitos, se filtra inmediatamente en el video
arte y, con mayor dificultad, en la práctica plástica. El motivo principal
es una cuestión de soportes: mientras el video, aún en su era analógica,
permitía la incursión de lo digital en su imagen, no es sino recientemente
que se dispone de sistemas adecuados para plasmar las imágenes del ordenador
en soportes físicos.
Con
la incorporación de los soportes digitales, las redes informáticas, los
sistemas de almacenamiento de capacidad cada vez mayor y los softwares específicamente diseñados para el tratamiento de
imágenes, el panorama cambia radicalmente. Hoy la producción digital ha
adquirido un grado de notoriedad importante, y muchos artistas comienzan
a sentirse cada vez más cómodos en su universo de composiciones virtuales.
Artistas, Obras y
Tendencias Igualmente
proveniente del video arte, Marcello Mercado ha incursionado recientemente
en el collage digital, tanto en el formato de video como en el de la página web. Su estética, casi diametralmente opuesta
a la de Lascano, se orienta
hacia una lectura extremadamente crítica y con un fuerte grado de nihilismo,
de la realidad y la historia argentinas, a través de una imagen fundada
en la profusión de elementos visuales y sonoros, una composición abigarrada
y un diseño aventurado en los límites de lo perceptible.
Esta
actitud de revisión de la historia privada y la pública, es un camino
ampliamente transitado por los artistas contemporáneos, y la digitalización
audiovisual ha allanado el terreno para este tipo de práctica.
La
posibilidad de apropiar cualquier tipo de imagen para incorporarla a la
obra, ha facilitado enormemente los diálogos entre instancias culturales
e históricas diversas. En los retratos familiares de Marcela Mouján, diferentes generaciones de un mismo núcleo
familiar conviven en el registro fotográfico de un tiempo imposible, anulando
las distancias históricas en una mirada idílica -e irónica- en la que
la estructura familiar se sustrae a la propia historia en la que funda
su solidez consuetudinaria.
Con
una imaginería extremadamente rica, depositaria asimismo tanto de la historia
argentina, sus símbolos y sus mitos como de los recuerdos y fantasías
personales, Luis Lindner arroja
su mirada lúdica y no menos irónica sobre el pasado nacional, en sus series
Infantería Argentina o Argentina 78. La reducción cromática de la superficie
plástica y la reducción del dibujo a la línea, son las constantes de una
composición gobernada por perspectivas irreales y por el ordenamiento
disciplinado, pero al mismo tiempo aparentemente arbitrario, de las citas.
Sustentadas
en la estrategia del ready made que Duchamp derivara de ciertos objetos de producción industrial,
y que la transvanguardia prolongara a los procedimientos
formales, las constantes temáticas y los patrones iconográficos de la
propia historia del arte, estas propuestas prolongan la crítica a las
imágenes producidas por la cultura anterior, y en particular, a las que
sustentaron el pensamiento de la modernidad. La apropiación hace de todo
el tesoro de las imágenes históricas, una fuente interminable de recursos
para la creación. En la contínua resignificación
de lo ya hecho (ready made) y del objeto encontrado
(object trouvé) como residuo de la
cultura, hay una crítica implícita a la omnipresencia de la cultura audiovisual
y a la saturación de imágenes en las sociedades actuales.
Dentro
de la resignificación de los productos de la cultura, la propia historia
del arte ha sido una fuente insoslayable. La obra de Enrique Llambías se sustenta en la confrontación de imágenes consolidadas
por la historia de las artes plásticas con la manipulación casi irrespetuosa
que el propio artista realiza desde la herramienta digital, a la manera
de un comentario por momentos irónico, pero siempre crítico, sobre las
relaciones entre las artes contemporáneas y las legitimadas por la tradición.
Desde
una perspectiva conceptual diferente, El Arte o el Mundo por Segunda Vez,
una página web interactiva diseñada por Horacio Zabala,
integra al "navegante" al pensamiento sobre la historia del arte y de
la estética, desarrollado a lo largo de decenas de siglos de cultura.
Otro
de los caminos de la producción digital ha sido la generación de universos
sin referentes en el de la experiencia, o alejados lo suficiente de ésta
como para extrañar su sentido habitual.
En
estos casos, suelen acentuarse los rasgos personales de los autores. La
obra de Fabio Kacero es
paradigmática en este sentido. Sus pequeñas composiciones formadas por
la superposición de patrones geométicos de formato
reducido, llaman a la extrañeza y al desconcierto, al tiempo que plantean
una revisión escabrosa de la tradición plástica de origen abstracto y
concreto.
En su serie Original
Perdido, Anahí Cáceres parte de un patrón
gráfico que migra a través de diferentes medios, asimilando las características
propias de cada uno y abandonando las del anterior en cada pasaje. Original
Perdido 6, la versión videográfica, instala en el espacio audiovisual
un objeto en movimiento con vagas referencias a la realidad física, producto
de los múltiples pasajes del patrón original a través de los diferentes
soportes.
Una
tercera vertiente en la producción digital, trasciende las cualidades
formales de las representaciones binarias, para plantear una reflexión
sobre la cultura que éstas generan. La indagación crítica sobre los fundamentos
y el producto de la generalización de las tecnologías digitales, induce
a la reconsideración de las consecuencias políticas y de las relaciones
de poder que subyacen al contrato tecnológico. Al mismo tiempo, en la
exploración de la interfaz del hombre con los productos de esta tecnología,
cobran urgencia los interrogantes sobre la identidad y las fronteras entre
lo natural y lo artificial, que colocan al cuerpo y sus sistemas en uno
de los puntos de inflexión entre la naturaleza y la técnica.
En
Tenis, Margarita
Paksa traduce la estructura binaria de los sistemas digitales
al binarismo estructurante de las sociedades capitalistas occidentales
-con sus nociones de ganancias y pérdidas- y al binarismo estructurante del pensamiento científico -fundado
en el axioma del tercero excluído. La fragmentación
propia de los medios actuales, aparece como la consecuencia de un pensamiento
arraigado en las raíces mismas de la sociedad occidental, que ha sufrido
pocas variaciones -a no ser la intensificación- en los años recientes.
Con
Mi Deseo es tu Deseo, Gustavo
Romano realiza una doble operación sobre la realidad: por un lado,
crea dos rostros digitales de sendas personas inexistentes; por otro, anima un circuito de relaciones entre estos seres y los eventuales
"navegantes" de internet en busca de contactos
virtuales. Las fantasías de los navegantes, traducidas en e-mails dirigidos a estos seres improbables, completan el circuito
de relaciones de un universo despersonalizado e irreal, pero atravesado
por las mismas necesidades humanas.
Aún
en la disparidad de las propuestas descriptas, este panorama es sólo una
tímida aproximación a los caminos que la producción digital argentina
ha decidido emprender en su voluntad por operar sobre la cultura audiovisual
contemporánea. Las vertientes señaladas no son las únicas, y no hay una
perspectiva histórica suficiente como para sostener que sean las más importantes.
De hecho, esta rápida revisión adolece de las reflexiones que se plantean
desde los medios artísticos tradicionales, sobre la condición del hombre
inserto en la cultura digital. No obstante, aún en la diversidad estética
de estos artistas, es posible percibir cierto interés común por dar testimonio
del presente desde una mirada atenta al pasado, actitud no demasiado diferente
a la que ha movido al arte a lo largo de toda su historia.
Referencias
y Otras Páginas de Artistas Argentinos en Internet:
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