Normalmente
creemos estar seguros acerca de las diferencias entre vigilia y sueño. Repartimos
estos territorios en dos campos cuyas polaridades incrementan sus contenidos
propios según nuestra inventiva. La vigilia pertenece al día, a la luz,
a la lógica y a la programación; el sueño, en cambio, es transeúnte de la
noche, florece en la oscuridad como algunas flores olorosas nocturnas, deja
espacios a la imaginación, juega con las pretensiones de la lógica, celebra
lo azaroso.
Siempre
me parecen sospechosos estos esquemas tan ordenados. Por suerte tienen fisuras
por donde recíprocamente los dominios así contrapuestos se comunican. Hay
sueños lógicos y vigilias irracionales. Existen, por ejemplo, las producciones
imaginarias del arte, las que se producen en vigilia desde las motivaciones
de los sueños. Las creaciones artísticas articulan admirablemente, por otro
lado, el absurdo y la lógica. Llegaron, como Eugéne Ionesco en su dramaturgia,
a construir una lógica del absurdo, de la cual su obra LA CANTANTE CALVA
es ejemplar.
¿Dónde
ubicar, entonces, a los objetos imaginarios? ¿Cuáles son sus derechos? Pertenecen
a una zona híbrida, fronteriza entre el sueño y la vigilia. ¿Qué cualidades
son esas de 'lo fronterizo', lo 'híbrido'? Pensemos que esa especie de indefinición
a la que apuntan tales conceptos, antes que ser un disvalor es lo que les
confiere su riqueza, su capacidad proyectiva, el espacio para que nuestra
propia imaginación tenga dónde moverse. Se trata de la libertad del espacio
de los sueños sumada al ordenamiento que define la situación de estar despierto.
Un objeto
imaginario es una creación, ante todo, mental. Es un descubrimiento para
el cual intervienen, por cierto, la sensibilidad y la afectividad. En esa
trama se explicitan las imágenes artísticas, que son productos, construcciones.
¿Pero qué afirmar sobre un retrato, de un paisaje pintado donde se reconocen
los lugares geográficos donde observó y pintó el artista?
Un retrato
o un paisaje identificable son tanto objetos imaginarios como los que puede
'inventar' un artista, sin referentes de la realidad externa, en su taller.
Porque la imagen, aun la imagen de un paisaje real, es, ante todo, un diálogo.
Es decir, una interacción entre un sujeto y un fenómeno cualquiera. Una
imagen es un aporte compartido, antes que una impronta del fenómeno en la
receptividad del sujeto. Tal vez una buena comprobación de ello sea la confrontación
de las variaciones de las imágenes propuestas por artistas diferentes respecto
de un mismo fenómeno.
La constructividad
de los objetos imaginarios se hace más inquietante cuando pensamos que esos
objetos pueden presentarse, a su vez, como ambientes para otros niveles
de imaginación. Quiero decir que tienen la capacidad de abrir espacios para
contener otros objetos imaginarios en su interior. Es el caso concreto de
las 'citas' en la creación artística. Muchos compositores han realizado
obras bajo la forma del TEMA CON VARIACIONES, tomando un tema de otro compositor,
es el caso de las Variaciones compuestas por Brahms sobre un tema de Haendel.
Allí un objeto imaginario alberga un fragmento de otro objeto, también imaginario.
Artistas
plásticos han tomado imágenes de otros artistas plásticos como motivación
para sus propias obras. Andy Warhol creó "LAS NUEVE MARYLIN" sobre la base
de una iconografía previa de Marylin Monroe. Marcel Duchamp provoca por
los años '30 al público al dibujar bigotes y barba en una reproducción de
la Gioconda, de Leonardo; como burla al fetichismo del arte por parte de
la sociedad. René Magritte produce una notable serie de imágenes, titulada
"ESTO NO ES UNA PIPA", donde abre planos diversos de lo imaginario en un
mismo espacio plástico: un cuadro de una pipa que contiene un cuadro de
una pipa, y todo ello, para nosotros espectadores, puede estar reproducido
como imagen en una página de libro o en un sitio imaginario en INTERNET.
¿A dónde conduce
todo esto? ¿Se trata de provocar espanto ante lo insondable de la fantasía?
¿Volvemos a la idea de un mundo caótico y sin leyes, el de la imaginación,
frente a la tranquila estabilidad de lo que solemos considerar como "la
realidad"?
El pensar que
el mundo de los objetos imaginarios es caótico deviene de una simplificación
acerca de lo que es imaginar. Al contrario, imaginar es crear, y para eso
ordenar elementos en una estructura combinatoria. En ese sentido, Arte,
Ciencia, nuestra propia percepción de la realidad externa son sistemas imaginarios;
han conquistado su derecho de existencia.