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Margarita Schultz
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Mis queridos amigosHe esperado años este momento. Y ahora que ha llegado no sé cómo comunicar mi sentimiento íntimo, con prudencia, para no caer en cursilerías. Durante muchos, largos años, he vivido en Chile soñando con volver a mi país natal. He soñado con recobrar cosas si no perdidas, dormidas, latentes, como por ejemplo mi idioma nativo. Y aunque la adopción de las formas idiomáticas propias de este país pudo parecer natural y espontánea, fue, en verdad, producto de un esfuerzo y de una autorepresión. También anhelo recobrar la cotidianeidad de la amistad de mis amigos de siempre, con quienes he compartido en Buenos Aires días esporádicos y espasmódicos todo este tiempo, debido a la brevedad de los encuentros. Este país de adopción, Chile, me brindó generosamente muchas cosas, amistades, hospitalidad nacional , geográfica y académica , cosas que agradezco profundamente cada día, créanme. Estimo haber retribuido a todo eso dando lo mejor de mi capacidad intelectual y humana. También entregando mi tiempo a generaciones de jóvenes, mis sucesivos alumnos en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Fueron días a veces iniciados a las seis de la mañana cuando eso era necesario en función de los diversos proyectos comunitario-académicos desarrollados aquí. Ahora inicio el tercer tercio de mi vida y quiero vivirlo en Buenos Aires, en ese contexto cultural y humano indescriptible, energético, múltiple, admirado no sólo por quienes viven allí, sino también por todas las amistades y conocidos de este país de adopción y de otros países donde he estado. Reciban mis amigos argentinos, chilenos, brasileros, españoles, colombianos, bolivianos, paraguayos, estadounidenses, uruguayos … este abrazo prolongado Margarita, La Marga, Margaluisa, y demás nombres que me puso el afecto. Santiago de Chile, 12 de abril de 2009
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