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dossier digital

Dossier de la Imagen Digital Argentina

AR DETROY
Paisajes mediáticos

 

 

Graciela

Taquini

Articulo aparecido

en Arte 2002

Revista uruguaya 2002

 

Tercer Premio Graciela Taquini - Granada, 2005

Ar Detroy Paisajes mediáticos

Cuando los sólidosse se desvanecen.

El riesgo de la globalización y la identidad en riesgo. Arte electrónico made in Argentina VII Bienal de Pintura de Cuenca Ecuador

Arte electrónico made in Argentina VII Bienal de Pintura de Cuenca Ecuador. Reflexiones sobre la selección

El Video Argentino Del te veo a yo te veo

Trampas En torno al simulacro

 

"Los que cierran tu círculo son los que te acompañan"

 

Estado gaseoso
El nombre Ar Detroy tal vez signifique todo, o nada. Un colectivo de artistas de cualidad evanescente, de existencia casi fantasmal. Algo gaseoso que se solidifica ante cada proyecto, un conjunto de moléculas diversas que se une cuando se dan las condiciones de un cambio de los elementos o una posibilidad para actuar, cuando se subvierte la inercia. Charly Nijenshon uno de sus cuerpos visibles, encarna esa vocación romántica de la redención en la creación, pero no una creación burguesa y apoltronada, sino una pasión por el riesgo y el abismo, un vértigo por lo metafísico que lo aproxima a lo sublime.
Agnus Dei
Un sentimiento religioso vinculado a la idea de sacrificio en soledad invade toda su producción inicial. Su primera obra Ismael. (1988) es tan solo una impresión humana, un sudario negro sobre metal, apenas el residuo de una acción. Cordero, la fotografía de un hombre estaqueado flota en el infinito, lleva un tatuaje de números similar a las reses del matadero. Del mismo modo en el video Sin retorno hay una figura humana pendular que gira en las tinieblas. El espacio inconmensurable y la oscuridad también pueden ser un paisaje abstracto e intemporal, o tan concreto como un campo de concentración..
Figuras en el paisaje
Diez hombres solos abre la década del 90. Performance para la cámara, un rito de paso que conjuga los conceptos de pasaje y paisaje, de aparecer y desaparecer, acción que al ubicarse en el Río de la Plata se resignifica. Hay un deslizarse en el que resulta perturbador la duda entre lo real y lo imaginario. Pocos advierten que son nueve figuras encadenadas que caminan en el agua y que falta el décimo hombre, sin duda el espectador, tampoco resulta indiferente la pregnancia obsesiva de la línea del horizonte en el juego óptico de las apariencias. En esta obra se plantea por primera vez la dualidad naturaleza/arte. También la corporización y la ausencia de lo humano que una vez más carece de identidad. La temporalidad irrumpe en un medio natural transformando su estructura y su básica indiferencia.
El fin de la historia, es un video minuto con la imagen de una bota que pisa una planta. El minimalismo ecológico revela la presencia de lo micro y lo macro, tema que reaparece en Errantes del 93. Allí recrudece esta inmersión en una naturaleza extrema, tan inhóspita como inhabitable. La acción se torna también sacrificada, un tanto peligrosa, y la representación a través de la poética de la baja definición, del temblor y de la ralentización de la imagen, del uso violento del zoom, logra que la imagen estalle en infinitos pixeles. Errantes evoca al ser humano convertido en una mota de polvo, perdido y sin rumbo, del que no se sabe si avanza o retrocede en medio de una entorno hostil, de escala cósmica, como en los paisajes del romanticismo alemán.
Un Acto de Intensidad es un hito finisecular del arte argentino. Cierra otra etapa. Políptico electrónico sonorizado de viento cuyo paisaje es un mar prehistórico trasmutado en salinas cuarteadas. Allí, misteriosamente, un barco encallado, como en Fitzcarraldo deviene el símbolo de lo imposible. Hay un vacío primordial donde vuelven a inmiscuirse los actos humanos que, "si bien no tiene ninguna importancia para el Universo, tienen la fuerza de la acción y la nobleza de la actitud", según Nijenshon. Los hombres convertidos en estatuas-pájaros se yerguen en altos pedestales. De nuevo la dualidad naturaleza arte. Están separados pero juntos, solos y a la vez unidos. Fragilidad e inutilidad, el mito de Sísifo resuena como un eco en la construcción de un jardín efímero de rosas de los vientos en el medio de la nada.
Charly enfrenta la adversidad con las armas de una voluntad tan infinita como su bondad, con un cuerpo dolorido, al que se le agrega, como si esto fuera poco, la tragedia de sobrevivir como artista en la Argentina. Obsesionado en su poética de la resistencia lucha sin cuartel por el proyecto Antártica. Nada de efectos especiales o simulacros, nada más que la experiencia existencial de la supervivencia en condiciones extremas. Allá es donde quiere crear un fuego que no consumirá a un témpano y un témpano que no será destruido por el fuego. Un proyecto que llevará a Ar Detroy, aunque tal vez no a Charly al confín sur de la tierra para expresar que no existe control en la dirección de la vida, que sólo es un tránsito a la deriva.
Una obra inmersiva
Ar Detroy: ¿Cómo expresarlos con palabras? Tal vez aludiendo al balance entre lo apaisado y lo abismal, de la forma de lo inmóvil y lo casi inmóvil. Hundirnos en la dialéctica de la fragilidad y la fortaleza; en el diálogo entre paisaje-figura; naturaleza- arte, poesía y performance. Entender en la puesta en escena tanto la sutil referencia a la necesidad humana frente a la indiferencia de lo natural como la tensión entre la intensidad y la resistencia. Dejarnos llevar por la experiencia hipnótica de su estética de la presencia-ausencia y a la vez embargarnos en el sentimiento de unión-soledad, en la puesta en obra del macro y microcosmos. Tomar conciencia de la metáfora perpetua que descubre tanto lo inmanente como lo trascendente. Ar Detroy = Arte de acción, pero una acción que sin duda cambiará la Historia.

 
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