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Dossier de la Imagen Digital Argentina
 


Diagramas del presente
es una experiencia que surge de la convergencia de mis anteriores búsquedas pictóricas con el estudio de la teoría de Ichinen sanzen, la cual afirma que todo instante está cargado de tres mil oportunidades que varían constantemente según se combinan los factores de la vida de cada persona y su entorno. Verificar esta teoría en la práctica modificó el concepto que tenía del acto de dibujar. Tanto en el aspecto morfológico como en el modo de ejecutarlos, estos dibujos traducen mi percepción acerca del instante como unidad mínima de tiempo; del desplazamiento de la materia en el tiempo, el devenir; del pasaje del universo de un instante al otro, la transitoriedad. Diagramas del presente son ejercicios para ver en la oscuridad, para la intuición. Representan la voluntad de estar atento en cada instante y de establecer una relación armónica con el despliegue universal de la vida.
En el punto donde comienzo la primera línea del dibujo, convergen una concatenación de causas y efectos de mi pasado. Ese primer trazo es el efecto de mi decisión de empezar y es al mismo tiempo causa que se materializa sobre el papel. Lo que sigue tras esa primera línea es un nuevo encadenamiento de causas y efectos, ahora sujeto a la lógica de las formas que se producen al desplazarme sobre el papel. El resultado es un gráfico o diagrama de mi estado de vida, que se manifiesta en las decisiones sobre el modo de avanzar con la línea en cada instante, en cada milímetro, sobre el plano básico. Así como una línea es una sucesión de puntos, una vida es una sucesión de instantes.
Electrocardiograma, electroencefalograma, sismograma, detector de mentiras, diagramas de flujo, de lo invisible.

Mi vida en un instante es una tela que empecé a pintar hace siete años. Es una visión de mi vida en su totalidad (como si superpusiéramos los fotogramas de un film y viéramos toda la película a través de un solo cuadro). Es el pasado agolpándose en el presente a través de una escena dominada por el absurdo y la locura. Ese es mi estado de infierno, lo contrario de comprender. Es también, claro está, una deuda más con El Bosco.
Recientemente trasladé esa imagen de la tela a la pantalla, y al pasar del átomo al píxel mi capacidad operativa se multiplicó por miles, millones de veces. En esta nueva dimensión puedo elegir instantáneamente entre dieciocho millones de colores; puedo mover bloques complejos de formas de un lugar a otro del cuadro sin necesidad de tapar o borrar; puedo hacer y deshacer, duplicar, aplicar capas independientes una de otras, así como usar la opción historial y eliminar no una, sino varias acciones a la vez.
En esta dimensión, el antes y el después (la irreversibilidad de la ley de causa y efecto) se han modificado, y la pregunta que surge -tomando la teoría de los “tres mil aspectos presentes en cada instante de vida“- es: ¿hay más de tres mil posibilidades en el instante virtual? O, por el contrario, el impresionante mundo virtual, con su potencial para las variaciones (variaciones y no posibilidades) es sólo una de las tres mil oportunidades presentes?
La velocidad operativa entre la visualización y la modificación de lo que la mente proyecta dentro de la pantalla, los saltos que le posibilitan a la imaginación la ingravidez del píxel, la abrumadora cantidad de opciones al alcance del click, para que luego “desaparezcan“ de inmediato sin dejar huellas, le permiten a la mente almacenar un caudal de datos -de simulaciones, que es lo propio de lo virtual- nunca antes experimentado por la inteligencia humana. En este contexto, las causas y los efectos se graban en la mente y no en la materia (como por ejemplo en la tela, que se malogra cuando se insiste en repintar una zona del cuadro). La capacidad para transformar que desarrollamos en la vida real se debilita con la opción deshacer. La dimensión digital no es una herramienta más, instaura un modo bien diferente de estar en el mundo.
Mi vida en un instante es el resultado de la articulación de dos encadenamientos de causas y efectos diferentes, dos velocidades: la del átomo y la del píxel. Representa al mismo tiempo dos momentos de mi vida: el antes y el después de comprender que el único bien que en realidad poseo es este instante de vida.

Emilio Torti 20/7/04